Análisis de ‘DOOM Eternal’: acción con más sangre, más demonios, más DOOM

Publicado por: Adrián Ruiz
DOOM Eternal

Cortar demonios con un cuchillo caliente nunca antes había sido algo tan satisfactorio. ‘DOOM Eternal’ es un juego ridículamente increíble, tanto que logra superar notablemente a su antecesor, ‘DOOM’ de 2016, uno de los shooters más aclamados de la generación, y probablemente lo mejor que le ha podido pasar a esta saga.

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Aquí id Software ha logrado lo impensable, mejorar el estándar que estableció el nuevo DOOM, evolucionándolo de manera significativa para volver a dejarnos otro de los mejores shooters en primera persona del momento. En pocas palabras, ‘DOOM Eternal’ es justo lo que todos estábamos esperando que fuera.

Mismo DOOM, más y mejor

Alegra y tranquiliza saber que ‘DOOM Eternal’ conserva de forma inalterada aquello que definió su predecesor y que lo hizo tan buen juego. Toda la acción transcurre igual de frenética, a gran velocidad a través de una variedad de niveles en ruinas y escenarios cubiertos de sangre. El juego nos irá introduciendo paulatinamente en sus distintas mecánicas, armas y enemigos, a medida que también iremos desbloqueando nuevas habilidades y mejorando las características de nuestro Slayer.

DOOM Eternal

La acción sigue siendo la misma locura de siempre. Acompañada de la banda sonora de heavy metal de Mick Gordon, nuestros oídos irán en sincronía con una grotesca escena en la que estaremos acribillando demonios y sonriendo inconscientemente como auténticos psicópatas. DOOM es así, pero realmente eso es lo bueno de DOOM.

Al comienzo puede que nos sintamos un poco abrumados, el juego nos presenta muchas opciones y combinaciones posibles y es normal que nos perdamos un poco. Pero aprenderemos rápido y no tardaremos en definir nuestro propio estilo de juego, de hecho, ‘DOOM Eternal’ ofrece una amplía posibilidad de estilos de combate, por ejemplo, dándonos a escoger entre distintos tipos de potenciadores para nuestras armas, en función de cuál sea nuestro estilo.

Respecto a Slayer, se podría decir que Slayer es casi un dios que no se inmuta lo más mínimo ante nada. Pero no tardaremos en comprender que también es mortal y susceptible de sucumbir ante una enorme horda de demonios: si el combate nos sobrepasa, Slayer puede morir. En el fondo nuestro soldado es lo más parecido a un ser todopoderoso que podamos encontrarnos, y en nuestras manos está su poder, sus habilidades y su arsenal de armas, que tendremos que aprender a dominar para desgarrar a miles de demonios.

DOOM Eternal

Lo que hace que ‘DOOM Eternal’ sea perfecto es que nos va ofreciendo lentamente nuevas armas para nuestro arsenal, sin llegar a ser abrumador y dando espacio suficiente para asentarnos con las que ya tenemos. Naturalmente comenzaremos la aventura con las más básicas y a medida que avancemos obtendremos las mejoras que queramos, también armas más poderosas. Y algunas de estas armas no tendrán solo la utilidad de acabar más fácilmente con los demonios: también son imprescindibles contra ciertos enemigos, y necesarias para superar ciertos obstáculos del juego.

Aunque a simple vista los combates puedan aparecer un caos absoluto, en realidad existe la estrategia y el éxito dependerá únicamente de cómo juguemos en cada momento. Si cortamos ciertos enemigos con la motosierra estos arrojarán una gran cantidad de munición y de salud, quemarlos hará que suelten porciones de armadura, y las muertes gloriosas (Glory Kills) nos darán Puñetazos sangrientos, capaces de provocar una gran explosión y matar enemigos de un solo golpe. Son solo algunos ejemplos de la variedad de estrategias que podemos encontrar, y que en función del escenario y la horda de enemigos que enfrentemos tendremos abordar el encuentro de un modo u otro.

Y fracasaremos, inevitablemente. Habrá ocasiones en las que derrotar a ciertos enemigos o varios a la vez requerirá de una precisión única, y las probabilidades de que esa situación vuelva a repetirse son muy pocas. En este sentido ‘DOOM Eternal’ no crea oportunidades para el jugador, sino que tendremos que ser nosotros mismos las que las busquemos por nuestra cuenta. Según vayamos avanzando iremos adquiriendo habilidad, y a través del ensayo y error aprenderemos a construir nuestras propias oportunidades para alcanzar el éxito en los momentos más complicados.

DOOM Eternal

A diferencia de un shooter convencional, en ‘DOOM Eternal’ no necesitaremos ponernos a cubierto ni recargar manualmente nuestras armas. Casi siempre encontraremos munición y si nos quedáramos sin, volviendo al párrafo anterior, aprenderemos a conseguirla del modo que sea. ‘DOOM Eternal’ es constante y juego nunca se detiene, la forma más fácil de fracasar precisamente es quedarse quieto y no hacer nada: siempre debemos estar haciendo algo. Y esto es maravilloso, porque nos mantiene alerta y en constante movimiento.

Dejando de lado la acción frenética de un DOOM, uno de las novedades de ‘DOOM Eternal’ frente a la entrega del 2016 es precisamente su historia. A priori no son juegos que requieran de una historia excesivamente profunda, simplemente somos un soldado que tiene que acabar con el reino de los demonios. Pero en ‘DOOM Eternal’ contamos con una historia de fondo, con mucho lore y sorprendentemente intrigante. Y aun así la historia no ese interpone mucho en nuestro camino, conservando un equilibrio entre lo que es un DOOM clásico y un juego con una fantástica historia que contar. Si no prestáramos atención a la narración de los eventos, lo disfrutaríamos igual de bien.

DOOM Eternal

En resumidas palabras, ‘DOOM Eternal’ es una locura de juego y lo más parecido a una experiencia frenética pura. Hace hervir la sangre a cualquiera y es un gran liberador de estrés. Eso sí, hay que advertir es explícitamente violento y un juego muy gráfico, por lo cual no es recomendable para gente aprensiva y demasiado susceptible, mucho menos para jugarlo delante de niños pequeños.

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