Análisis de ‘Narita Boy’, el retro-futurístico videojuego español que nació en Kickstarter

Publicado por: Adrián Ruiz
Narita Boy

Han pasado alrededor de cuatro años desde que ‘Narita Boy’ nos sorprendiera con su elocuente presentación en Kickstarter de un retro-futurístico videojuego de estilo pixel-art. Y nos cautivó, sin duda nos cautivó como ningún otro lo haría y logró postularse como uno de los indies más esperados del estilo, como el ya olvidado ‘The Last Night’, de aquella lejana presentación de Xbox.

Pero bueno, la espera ha merecido la pena y gracias a los 5.012 patrocinadores que contribuyeron con 160.946 euros para que este proyecto tirase adelante, por fin podemos ponernos a los mandos de Narita. Studio Koba nos presenta su primer videojuego, un homenaje a los años 80 con una singular historia llena de creatividad.

La leyenda de Narita

‘Narita Boy’ consigue algo que pocos indies de su mismo rollo consiguen: reinventar el estilo retro con un enfoque que va mucho más allá de simples líneas de neón y los filtros ochenteros. Acompañado con una banda sonora que roza la perfección y unos gráficos en píxel bellísimos, sin duda estamos ante un título singular y bastante único.

Para su diseño, Studio Koba encontró su inspiración en ‘Tron’ a la hora de desarrollar toda la acción en el interior de un mundo informático conocido como el Reino Digital. Nuestro objetivo será erradicar un programa que amenaza a este mundo, y por otro lado tendremos también la misión restaurar todos los recuerdos del Creador, la persona que creó aquel Reino.

Narita Boy

Hay algo curioso y casi anecdótico en este reino de datos, una monarquía jerárquica con retazos de mundo de fantasía, con sus localizaciones desérticas, aldeas costeras, bosques, etc. Todo esto viene acompañado de un precioso estilo pixelado que le da un toque artístico impresionante. ¿Para qué queremos juegos fotorrealistas y gráficos 3D cuando podemos tener algo así?

Aunque más curioso todavía es la historia de esta curiosa aventura. Si el Reino Digital es el interior de un mundo informático representado como un reino mágico, el folclore de este reino también tiene su chicha. Probablemente los menos avezados se pierdan un poco entre los diálogos y el trasfondo histórico del Reino, pues como de sí una novela shakesperiana se tratara: en ‘Narita Boy’ todo está explicado a través de términos informáticos y de programación. Incluso yo, un programador con años de experiencia, a veces me perdía un poco entre directrices y otros argumentos.

Pero tampoco va a ser un problema si no entendemos nada, a decir verdad, los diálogos de aquellos personajes representados en bits no son más que un detalle inocente para sacarle la sonrisilla a los programadores como yo, y la información realmente importante siempre se comprende. La verdadera historia de ‘Narita Boy’ está en los recuerdos del Creador, contada en pequeñas piezas que iremos desbloqueando a medida que avancemos por sus distintos niveles. Y esta historia, evidentemente, está contada en jerga humana.

Narita Boy
La verdadera historia de ‘Narita Boy’ está contada a través de los recuerdos del Creador

Pasando a la parte jugable hemos de decir que ‘Narita Boy’ se resiente un poco, con sus más y sus menos. Primero de todo hay que matizar que no estamos ante un Metroidvania, no hay plataformeo en exceso y su diseño de niveles consiste en avanzar y desbloquear accesos para pasar a la siguiente zona, enfrentando toda clase de enemigos por le camino.

En cuanto a los controles, les falta un punto de precisión por momentos. Acciones como calcular la distancia de un salto o realizar movimientos con una precisión muy concreta del stick pueden dejarnos expuestos ante enemigos si no lo hacemos correctamente. Aun así, si eres una persona paciente que se adapta a cualquier situación terminará por ser un juego de lo más satisfactorio: sus combates son tremendamente adictivos.

Narita Boy

‘Narita Boy’ es una especie de hack ‘n’ slash en el que contaremos con una espada legendaria, un brazo-escopeta, un cañón, y una variedad de potenciadores que desbloquean múltiples habilidades. También tendremos la ayuda de otros personajes que se fundirán con nuestro código según los vayamos desbloqueando. Al principio derrotar enemigos será bastante sencillo, pero a medida que avancemos los combates se irán volviendo más intensos, siendo los jefes finales el verdadero pastel del juego, los momentos más impresionantes de toda la aventura.

En realidad el combate no siempre será perfecto, y siendo honestos, a algunas de las habilidades de Narita apenas le daremos uso; no llegan a ser útiles en la mayoría de situaciones. Si morimos reapareceremos casi donde dejamos, pero prepárate para morir en muchas ocasiones por un mal cálculo de tus acciones. Y odiarás morir, mucho, especialmente por el molesto y chirriante «Rest in force» que sonará cada vez que la palmemos.

‘Narita Boy’ tiene lo básico de la mayoría de juegos de acción y plataformas, aunque flaquea en algunos aspectos. Igualmente cumple con lo básico y poco más, y para sus 7-8 horas de duración merece mucho la pena evadirse en su mundo informático de jerga binaria y combates adictivos. Tiene ideas brillantes, por supuesto, y su (verdadera) historia tiene mucho que enseñarnos. Así que si has llegado hasta este párrafo buscando el convencimiento suficiente para dar el paso y adentrarte en este mundo de píxeles, simplemente te decimos que adelante: pese a sus pequeñas carencias, difícilmente va a decepcionarte gracias a todas sus buenas cualidades.

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