¿Cómo es el ARN de la vacuna contra el COVID-19 desarrollada por Pfizer-BioNTech?

Publicado por: Adrián Ruiz
Foto antigua de hombre vacunando a una mujer

De todas las vacunas contra el COVID-19 actualmente las de Moderna y Pfizer-BioNTech han sido las que han salido ganando popularidad y respaldo por parte de las autoridades y distintos sectores sanitarios que ya han ido recibiendo sus primeras dosis.

Pero, ¿qué es lo que hace tan especial a estas vacunas frente a otras? El detalle lo encontramos en su propia naturaleza: se tratan de vacunas de ARN mensajero, un tipo de vacuna que no es ninguna novedad en el campo de la medicina, pero que sí es la primera vez que se emplea a gran escala entre los ciudadanos.

Hasta ahora una vacuna consistía en inocular a las personas con patógenos que le permitían a un virus infectar y multiplicarse, pero no producir ninguna enfermedad, o bien patógenos inactivos que impiden la infección, o con proteínas del propio virus para estimular la inmunidad contra el virus. El propósito de todas estas vacunas es el mismo: desarrollar por nosotros mismos una respuesta inmune que nos protegiera contra futuras infecciones.

Pero con las vacunas de ARN la cosa cambia bastante, ya que estas no inoculan ningún patógeno ni ninguna proteína. En su lugar se crea desde el laboratorio un código genético totalmente sintético el cual contiene una copia del ARN del virus, y se introduce en nuestras células permitiéndoles crear la proteína viral y estimular la inmunidad.

¿Cómo funciona el ARN?

En pocas palabras, el ARN mensajero contiene una serie de instrucciones para producir la proteína necesaria para que el virus entre en nuestras células. En el momento en que la vacuna entra en nuestro cuerpo, algunas de nuestras células «leerán» dichas instrucciones y producirán dicha proteína.

Ejemplo de ARN

Pero, ¿por qué es necesario decirle a nuestras células que generen una proteína que «le abre las puertas» a un virus? Sencillo, porque tras ello nuestro sistema inmune detectará una proteína que no pertenece a nuestro cuerpo y producirá una serie de anticuerpos y leucocitos para atacarla. En otras palabras, nuestro sistema inmune guardará una «ficha técnica» con información del COVID-19, sabrá cómo identificarlo, y la próxima vez que nuestro cuerpo entre en contacto con el virus estará preparado para defenderse contra él.

Cabe matizar dos puntos importantes en este aspecto: ni el ARN de la vacuna se mantiene en el cuerpo, ni la vacuna contiene el propio virus. Tras la vacuna el ARN se descompone quedándose únicamente los anticuerpos y los leucocitos generados. Y, por otro lado, el contenido de la vacuna no es el virus en sí, sino una copia de un bloque del ARN del virus que contiene las instrucciones necesarias para producir la proteína del virus y que nuestras células sabrán interpretar para generar los anticuerpos.

Precisamente es ahí donde radica la gran diferencia entre una vacuna tradicional y una vacuna de ARN: no es necesario introducir los patógenos del virus para que nuestro cuerpo aprenda a combatirlo, sino que le damos directamente la información que necesita para hacerlo.

Las ventajas de una vacuna ARN

Las razones por las que hemos visto una vacuna ARN antes que una vacuna tradicional son varias, empezando por su coste y su diseño. Se tratan de vacunas relativamente baratas de fabricar, pero sobre todo que pueden diseñarse en un tiempo récord.

Prueba de ARN en laboratorio
Imagen: Unsplash

Una vez se conoce el genoma del patógeno en pocas semanas pueden estar los primeros prototipos en marcha, algo extremadamente útil cuando surgen nuevas variaciones de un mismo virus, como ha sido el caso de Reino Unido y Sudáfrica. En pocas palabras, una vacuna ARN es el candidato ideal cuando se requiere una vacuna con urgencia en tiempos de pandemia.

Después tenemos su proceso de fabricación. Tratándose de la creación de un ARN sintético no es necesario emplear sustancias químicas ni tóxicas, ni cultivos celulares que puedan contaminarse con otros microorganismos celulares. Se pueden fabricar de forma rápida, fácil, y requieren muy poca manipulación.

El único hándicap en todo esto es que el ARN al ser una molécula muy inestable debe conservarse a muy bajas temperaturas, menos de 80 °C concretamente. Esto puede incidir en la inestabilidad y la ineficiencia de la vacuna a la hora de introducirla en nuestras células, pero siguiendo los protocolos adecuados, no debería surgir ningún problema.

Si tienes más curiosidad sobre el tema puedes consultar nuestro artículo en el que te explicamos cómo son los test del COVID-19 y cómo funciona Radar Covid. Asímismo, si buscas una explicación mucho más didáctica sobre el ARN de las vacunas de Pfizer-BioNTech, te recomendamos encarecidamente echarle un ojo a este vídeo de Lluis Montoliu.

Imagen: Unsplash
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