El egoísmo en nuestra genética, ¿es el ser humano egoísta por naturaleza?

Publicado por: Adrián Ruiz
Genética
Artículo original: julio 2020

Gracias a los avances en lo que se conoce como las ciencias ómicas, el neologismo que en biología molecular se usa para referirnos al estudio de los genes, los organismos de un ecosistema, las proteínas, e incluso la relación entre todos ellos, es posible elaborar investigaciones con el propósito de encontrar supuestos genes asociados con características particulares de cualquier tipo: desde aspectos físicos como la obesidad, hasta psicológicos como una personalidad agresiva. Incluso los gustos personales podrían estar definidos por estos genes, como una predisposición por un tipo de música frente a otro.

En ocasiones hay genes para todo y en ocasiones no. Pero una de las características cuya base genética se investiga mediante esta clase de recursos es el egoísmo, la cooperación y el altruismo.

La eusocialidad de los insectos

De un modo similar como ocurre con la mayoría de aspectos que definen a cualquier ser vivo, el egoísmo puede tener dos catalizadores: uno con base genética y el otro ambiental.

Para realizar una investigación de la genética sobre esta clase de comportamientos se comienza con un grupo de organismos eusociales, particularmente insectos eusociales como las hormigas, las abejas o las termitas. El término eusocial se utiliza para describir ciertas especies animales que tienen la capacidad suficiente para crear una organización social dentro de su especie. Entre estos organismos existen especies y grupos que han sido emparentados durante su evolución, algunos con un comportamiento altruista y otros con un comportamiento egoísta.

Eusocialidad
La eusocialidad es el nivel más alto de organización social que se da en ciertos animales. Imagen: Un enjambre de hormigas saliendo de su colonia. Wikipedia

El primer grupo tiende a cuidar de sus congéneres llegando incluso a sacrificarse por ellos, y tampoco llegan a reproducirse: solo su reina puede hacerlo. El segundo grupo, por el contrario, es todo lo opuesto. Aun así dentro de estos organismos existen grupos inferiores o especies en menor medida que no presentan ninguno de estos comportamientos sociales.

Mediante estudios que comparan los genomas, los transcriptomas y los proteomas, un conjunto de genes, moléculas, proteínas, se está empezando a identificar los genes que intervienen en esta clase de comportamientos sociales. Concretamente se ha podido observar que los genes cambian en secuencia o regulación en función del tipo de comportamiento, y son aquellos los que intervienen en aspectos como el olor, la inmunología, las feromonas y aspectos relacionados con la actividad cerebral.

Sin embargo en ninguno de estos casos existen unos genes especiales que se diferencien del resto, solo una variación de los genes que ya existen en los grupos que no presentan esa clase de comportamientos.

El ser humano y el egoísmo

En la especie humana es más complicado llevar esa clase de estudios, ya que no existen grupos establecidos y divididos entre cooperativos y no para llevar a cabo un estudio similar. Pese a ello se trata de investigar en medida de lo posible la posible influencia de una serie de genes específicos que modulan la síntesis de neuropéptidos, unas hormonas que se expresan especialmente en el cerebro, para determinar cómo actúan en relación con los comportamientos de cooperación y egoísmo.

En concreto se ha podido comprobar que la oxitocina presenta algunas variaciones de un solo nucleótido dentro del gen que controla nuestra síntesis en las células, y estas variaciones de nucleótidos determinan cambios en el nivel de oxitocina. ¿Qué significa esto? Que esa variación nucloetídica puede tener relación con un mayor o menor comportamiento de cooperación.

Algunas personas con ciertos nucleótidos en el gen receptor presentan una cantidad menor de oxitocina en sus células, y por ello pueden presentar mayor predisposición a un comportamiento altruista. Mientras tanto, casos opuestos con diferentes nucleótidos, a mayor cantidad de oxitocina suelen muestran comportamientos más egoístas.

Existen otras variaciones de nucleótidos en genes receptores, como la vasopresina o la dopamina, o en la enzima monoamino oxidasa, que se han tratado de asociar también con los comportamientos egoístas.

Pero todos estos estudios presentan un problema, y es que no es fácil medir y asociar estos comportamientos sociales de forma precisa y directa. Por esa misma razón se recurren a medidas indirectas, como la orientación espacial (se cree que guarda correlación con el altruismo), o nuestra capacidad para resolver rompecabezas, acertijos y videojuegos.

Lo que sí parece cierto y se logra sacar en claro de todo es que en nuestra especie existe de forma natural estas tendencias sociales, aunque desconozcamos por completo la existencia del conjunto de genes detrás que definen nuestro comportamiento. Pero es importante tener en cuenta que la complejidad de nuestro comportamiento pueden deberse a muchos factores más allá de los genéticos, como las circunstancias socioculturales, nuestro entorno social e incluso la educación que hayamos recibido.

Imagen: Pixabay
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