El punto azul pálido de Carl Sagan

El punto azul pálido
Publicado por: Adrián Ruiz

El 5 de septiembre de 1977 desde Cabo Cañaveral tuvo lugar un lanzamiento histórico para la exploración espacial: la sonda Voyager 1, el objeto creado por el ser humano que más lejos hemos enviado en el espacio. Esta sonda en su larga travesía ha llegado hasta los confines del sistema solar, incluyendo el cinturón de Kuiper, y tras más de 40 años sigue estando operativa.

13 años después de su lanzamiento, Carl Sagan tuvo una petición muy especial para la NASA: que la sonda se diera la vuelta apuntando a la Tierra y tomara una foto. De allí nació la foto más lejana que se haya tomado jamás de nuestro planeta, una instantánea donde vemos la Tierra como si fuera una simple mota de polvo. Un punto azul pálido en medio del espacio.

El futuro de la humanidad

Para el título de una de sus tanta sobras científicas Carl Sagan se inspiró en esta fotografía llamando a uno de sus libros ‘Un punto azul pálido: una visión del futuro de la humanidad‘. En él, Sagan nos cuenta sus pensamientos más profundos acerca de la singularidad de nuestro hogar, la Tierra, y nuestro lugar en el vasto universo.

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, vivió su vida. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada «superestrella», cada «líder supremo», cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

Carl Sagan, Un punto azul pálido

La famosa fotografía fue tomada por la Voyager 1 el 14 de febrero de 1990 a una distancia de 6 mil millones de kilómetros de nosotros. Es una de las tantas imágenes de un «retrato familiar» del Sistema Solar que se tomaron aquel mismo día. En la fotografía, vemos la Tierra entre unos rayos de luz solar reflejados por la cámara: su tamaño es diminuto, de menos de un píxel.

La imagen capturada por la sonda Voyager 1. En el haz de luz del centro, se puede apreciar un punto pequeño y brillante. Esa es la Tierra
La imagen capturada por la sonda Voyager 1. En el haz de luz del centro, se puede apreciar un punto pequeño y brillante. Esa es la Tierra

Por aquel entonces la Voyager 1 ya había cumplido su misión principal. La sonda tenía que visitar Júpiter y Saturno, siendo la primera sonda en proporcionarnos imágenes detalladas de ambos planetas. Cumplidos sus dos objetivos se disponía a abandonar el Sistema Solar para aventurarse ante lo desconocido, entonces Sagan hizo su petición, y la NASA ordenó al Voyager que diera media vuelta para capturar la famosa imagen.

La Voyager 1 es actualmente el objeto que más lejos se encuentra de la Tierra, a unos 22 650 613 602,7 km del Sol. Todavía no ha llegado a abandonar el Sistema Solar, dentro de 300 años entrará en la nube de Oort que se encuentra en los límites: después, 17.702 años para salir de allí y abandonar definitivamente nuestro sistema.

Foto de la onda Voyager 1
Foto de la onda Voyager 1

Sagan sabía que una imagen de la Tierra a esa distancia no tendría ningún valor científico dado que la Voyager apenas podrías distinguirla. Pero también sabía que sería una fotografía significativa para darnos una perspectiva de nuestro lugar en el universo. Aunque estuvimos a punto de no ver la imagen: en la NASA muchos apoyaban la idea, pero también les preocupaba que tomar una fotografía tan cerca del Sol dañara las cámaras. No fue hasta 1989 que decidieron ponerlo en práctica, tras un año recalibrando los instrumentos necesarios el personal de la NASA diseño una serie de comandos para enviárselos a la Voyager, con la orden tomar la fotografía.

El azul pálido

El nombre viene de que la Tierra aparece como un pequeño punto de un azul pálido. Esto se debe a la dispersión de la luz solar Rayleigh de nuestra atmósfera: la luz visible de longitud de onda corta, como la azul, suele dispersarse más que una de onda más larga, como es la roja. Esta es la razón por la que vemos el cielo azul, y desde el espacio la luz blanca reflejada por las nubes combina con ese azul dando lugar a un azul pálido.

Otro dato fascinante de ese punto azul pálido es la ultravioleta y el infrarrojo que emiten al exterior: es completamente diferente al del resto de planetas, y eso se debe a la presencia de vida en la Tierra. El abundante oxígeno de nuestra atmósfera producido por las formas de vida fotosintéticas hace que nuestra atmósfera sea transparente a la luz visible, otorgando una mayor dispersión de Rayleigh y mayor reflectancia.

Distintas composiciones de la imagen tomada por la Voyager 1 de la Tierra
Distintas composiciones de la imagen tomada por la Voyager 1 de la Tierra

Este método, de hecho, es el que emplea la NASA y otras agencias para determinar si planetas lejanos como el Kepler-186f son potencialmente habitables para albergar vida, basándose en el espectro de colores y la cantidad de radiación ultravioleta que emiten.

Pero dejando colores y ultravioletas a un lado, el sentido a esta imagen lo encontramos sobre todo en la reflexión de Carl Sagan, que culminó en un libro cuatro años después. La Tierra era y sigue siendo el único lugar que conozcamos que albergue vida. En este sentido gozamos de una posición privilegiada en el cosmos, y el hecho de ver nuestro enorme mundo representado en un punto tan nimio dice mucho tanto de la magnitud de nuestro universo, como de la singularidad de nuestra especie.

Esa fotografía le da un valor importante a la conciencia humana, a la importancia de la exploración espacial, y a la búsqueda de otros mundos habitables. El simple hecho de imaginar que en ese diminuto píxel han acontecido toda clase de eventos históricos importantes para nosotros, pero que ahí fuera no son nada, es motivo suficiente para comprender la importancia del lugar que todos nosotros ocupamos.

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