Los 42.000 satélites de Starlink y la basura espacial, ¿un verdadero problema?

Contaminación espacial
Publicado por: Adrián Ruiz

Starlink lanzó ayer otra hornada de 60 satélites con los que cuentan ya 1.445 satélites de Starlink en 26 lanzamientos, un proyecto para llevar Internet a todos los rincones de mundo. Por un lado sorprende el despliegue con el que SpaceX está logrando poner satélites en órbita más rápido que ninguna otra agencia espacial. Por otro lado, despierta dudas y preocupaciones en ciertas personas por un tema muy poco discutido por la sociedad, la basura espacial.

Desde que empezó la carrera espacial en 1957 se han lanzado al espacio toneladas de cohetes, naves y satélites, pero en aquel entonces nadie podía prever que décadas después supondría un grave problema para la seguridad de nuestro planeta. Pese a las medidas que se han ido aplicando en los últimos años, nada ha logrado impedir que el número de desechos espaciales siga creciendo.

La importancia de la órbita

La clave en los satélites de Starlink es que son lanzados en órbita heliosíncrona, es decir, a baja órbita. Esto significa que si no aplicaran correcciones a su trayectoria o acabasen abandonados como ocurre con otros satélites, con el paso del tiempo acabarían precipitándose hacía la Tierra y caerían por si solos. Esto no sería un problema, ya que en gran parte o en su totalidad serían desintegrados durante la reentrada, en otras palabras, la órbita heliosincrona se limpia sola.

Cuando hablamos de basura espacial el verdadero problema lo encontraremos solo en órbitas más altas. Dado el radio de la Tierra y lo pequeño que es un satélite en comparación cualquiera pensaría, ¿por qué son un problema? Por las colisiones que pueden generarse, especialmente si hablamos de satélites abandonados que ya nadie controla.

Un ejemplo lo podemos ver en una simulación de un mísil antisatélites de la India, donde comprobamos que de un solo satélite se podrían generar hasta 6500 piezas de escombros. Y esto va más allá que una simple simulación, China lanzó en 2007 un mísil antisatélites que acabó incrementando hasta los 15.000 el número de piezas espaciales. Rusia y Estados Unidos también han llevado a cabo esta práctica.

Simulación de un mísil antisatélites de la India
Simulación de un mísil antisatélites de la India

Aunque también puede ocurrir accidentalmente, como pasó en 2009 tras la colisión entre el Iridium 33 y el Kosmos 2251, dos satélites de Estados Unidos y Rusia que chocaron a una velocidad estimada de 42000 km/h y arrojando una enorme cantidad de escombros por toda la órbita.

Y sí, en órbita tan alta los satélites viajan a velocidades muy altas. Por ejemplo la Estación Espacial Internacional suele dar una vuelta completa a la Tierra en 90 minutos, haciendo 15 órbitas por día. Precisamente la velocidad es el mayor peligro de este problema ya que estamos hablando de miles de escombros y restos dando vueltas sobre la órbita a velocidades de vértigo: con que un solo trozo de basura espacial choque con otro satélite puede generarse un problema aún mayor.

Starlink y la contaminación

Cuando hablamos de los satélites de Starlink nos libramos del problema de la basura espacial debido a que si chocasen esos escombros no aguantarían demasiado tiempo en órbita heliosíncrona. Por otro lado la NASA y SpaceX tienen un acuerdo de seguridad para evitar choques y colisiones mediante el uso de tecnologías GPS y múltiples sensores. Sus satélites tienen la capacidad de corregir su órbita automáticamente y esquivarse entre ellos.

Aunque eso no quiere decir que el despliegue de 42.000 satélites no vaya a suponer un problema, porque lo hay. Primero hemos de tener en cuenta que un despliegue desmesurado como el de Starlink está provocando contaminación observable. Esta contaminación impide que astrofísicos y científicos puedan observar el rango visible del espacio sin que una fila de satélites contamine la imagen, lastrando los resultados de investigaciones espaciales. Esto es algo que ya hemos podido ver, como el caso de la foto capturada por el astrofotógrafo Daniel López del cometa Neowise.

Imagen del cometa Neowise estropeada por una serie de satélites Starlink. Fotografía: Daniel López
Imagen del cometa Neowise estropeada por una serie de satélites Starlink. Fotografía: Daniel López

Pero más importante todavía es la falta de ley que existe. La órbita es de todos y cualquiera puede crear un proyecto como el de Starlink y lanzar satélites a órbita sin ningún tipo de regulación internacional. No solo países como Rusia, China y Reino Unido (con OneWeb) pretenden desplegar su propia red de satélites, Amazon también va detrás de ello.

Al final todo es una cuestión de concienciación y responsabilidad. En una ocasión Elon Musk aseguró que los satélites no se verían de noche y estos se mantendrían en la oscuridad, mientras que el resto de estrellas seguirían visibles, aunque el problema seguiría estando ahí de todos modos. Aunque se está intentando trabajar en una solución, SpaceX colabora con el Observatorio Nacional de Radioastronomía de EEUU para mitigar el impacto de sus satélites en la radiostronomía, y una de las ideas que se barajan es crear zonas de exclusión donde los satélites dejarían de emitir señal y de usar ciertas frecuencias.

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