Las supertierras habitables: cuando un exoplaneta es incluso mejor que la Tierra

Planetas decorativos
Publicado por: Adrián Ruiz

En los últimos años, científicos y astrónomos han encontrado más de una docena de planetas potencialmente habitables fuera de nuestro sistema solar. Y en otras palabras estaríamos hablando de planetas potencialmente habitados por otras especies, pero también lugares inhabitados donde podríamos levantar nuestra primera colonia espacial.

Pero el universo es grande y las opciones son casi infinitas, ¿cómo podemos saber cuál es el mejor candidato para nuestra especie? Cualquiera podría pensar que aquel planeta que más se parezca a la Tierra, al fin y al cabo, tenemos lo indispensable para la formación de vida y la supervivencia.

Lo que muchos no saben es que ahí fuera existen planetas que son todavía mejores que la Tierra. Y mucho más grandes. Estamos hablando de lo que se conoce como las supertierras.

Los más de 4.000 exoplanetas

El término supertierra es utilizado para referirse a planetas terrestres que orbitan alrededor de una estrella y que cuentan con una masa entre uno y diez veces más que la de nuestro planeta. Y dentro de nuestra galaxia hay bastantes. Para 2019 el Telescopio Espacial Kepler había descubierto ya más de 4.000 exoplanetas, de los cuales un 30% son supertierras, y un porcentaje aún menor son planetas que se encuentran dentro de la zona habitable de su estrella.

Las zonas habitables de un sistema solar, conocidas como zonas de Ricitos de Oro, suelen ser aquellas donde la superficie de un planeta tiene la temperatura adecuada para albergar agua líquida; ni demasiado fría ni demasiado caliente. Ahora bien, cabe la posibilidad de que algunos de estos exoplanetas descubiertos no sean planetas terrestres (de formación rocosa), y que los más grandes estén principalmente formados de hidrógeno y helio, como es el caso de Júpiter y Saturno.

Pero el agua líquida es principalmente la clave de todo. Estos planetas pueden tener casi el doble del radio de la Tierra y contar con una masa hasta 10 veces superior. Y tanta masa puede traer múltiples beneficios. Los investigadores creen que un planeta rocoso y habitable de estas magnitudes puede convertirse en el hogar perfecto para nosotros y ser, en muchos aspectos, mejor que la Tierra.

Kepler 20b: un candidato favorable

Tenemos como ejemplo la supertierra Kepler 20b, descubierta en 2011 orbitando Kepler-20, en la constelación de Lyra: es casi el doble de grande que la Tierra y con 10 veces su masa. Tal tamaño hace que la gravedad de su superficie sea tres veces más densa, lo cual significa que el planeta puede retener más moléculas en el aire, formando una atmósfera más espesa. Esto aporta una mayor protección contra la radiación espacial.

Otro punto clave de una atmósfera más espesa es que las montañas y colinas se erosionarían con más rapidez, y como resultado tendríamos una superficie relativamente más plana que la de la Tierra. Esto puede ser una ventaja interesante, ya que daría lugar a la formación de centenares islas poco profundas a lo largo de todo el globo, lo cual favorecería a la formación y la evolución de cualquier forma de vida.

Tal vez pueda parecer algo contradictorio, pero la realidad es que un planeta formado principalmente por archipiélagos puede aportar muchas ventajas para la biodiversidad, que sería más rica que la de la nuestra gracias a la multitud de aguas poco profundas que habría en todas las costas.

Kepler 442b y la Tierra

Aunque claro, todo aquello que presente grandes ventajas también tiene sus inconvenientes. Y en este caso no sería nada sencillo, ya que a más tamaño, mayor gravedad, y por ende sería más complicado salir del planeta. En el caso de Kepler 20b estamos hablando del doble comparado con la Tierra, y ese doble traducido en combustible, carga útil y cohetes puede suponer una magnitud actualmente inviable para cualquier agencia espacial que se precie, incluso la NASA.

Tomando como ejemplo el Falcon Heavy de SpaceX, sus cohetes tienen una capacidad para lanzar hasta 50 toneladas de carga útil a órbita terrestre: en Kepler 20b, el máximo posible sería de apenas 40 kilos. Y tampoco nos olvidemos de otros factores que presentan un serio desafío, como el tiempo que tardaríamos en llegar hasta allí, más 1.000 años, o tener que realizar los primeros alunizajes de ensayo con éxito.

Todavía es pronto para aventurar nada y lo cierto es que los astrónomos siguen recopilando toda clase de datos mientras estudian lo mejor que pueden estos planetas. Mientras tanto, la imaginación es lo único que nos queda.

Imagen: Unsplash
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